TAOÍSMO: UN CAMINO HACIA LA PLENITUD

En las sociedades occidentales, estamos acostumbrados a pensar en una perspectiva lineal-racional, por lo que dos cosas opuestas no pueden ser verdaderas al mismo tiempo: si A tiene razón, B debe estar equivocado; o si A es verdadero, B debe ser falso. Esta lógica ha imprimido una forma dualista de ver el mundo y percibir la vida, con la consecuencia de que constantemente buscamos estar “en lo correcto”, ser “mejores que los demás”, buscar la competencia y la rectitud, eventualmente sintiéndonos separados, solos y desconectados del todo.

Afortunadamente tenemos otras opciones ...

Las tradiciones orientales, como el taoísmo, nos dicen que A y B pueden ser diferentes y verdaderos al mismo tiempo; y nosotros, como seres humanos, somos la prueba.

De hecho, aunque todos somos únicos: nadie tiene tus propias huellas dactilares, nadie tiene tu voz, ni los mismos ojos ni las mismas experiencias de vida, todos somos iguales …



La belleza de esta perspectiva es que no tengo que elegir entre ser única y ser igual a ti porque soy ambas cosas. Puedo ser luz y oscuridad, puedo ser fuerte y vulnerable, puedo tener límites fuertes y ser flexible.

Esta forma de pensar nos permite volvernos más plenos e incorporar todas las partes de nosotros que fueron alejadas porque estaban “equivocadas” o eran “malas”, lo que les permite ser vistas, escuchadas y reconocidas. Esto no solo nos permite percibir la vida desde un punto de vista más holístico sino también entender que el mundo está hecho de relaciones e interconexiones interdependientes donde mi rol como individuo es importante en el bienestar de los demás, donde mi propia sanación es necesaria para la sanación de la humanidad.

Si miras profundamente en la naturaleza, como lo hicieron los filósofos Taoístas, encontrarás esta característica relacional en todas partes: una semilla necesita un suelo fértil, agua, luz solar y otras condiciones externas para crecer, porque una semilla, incluso si es saludable no puede dar vida por si misma.

Al mismo tiempo, el suelo fértil sin semilla es igualmente infructuoso.

Así que necesitamos ambos: tu singularidad y las condiciones externas adecuadas trabajando juntos para que puedas florecer de la manera más magnífica.

Este es el maravilloso, intrincado pero simple fluir de la vida.




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